miércoles, 20 de mayo de 2009

Y ese día fue más bello que hoy



Ahora que me doy cuenta, jamás publiqué la alegría que sentía cada vez que llegaba el 20 de cada mes, ese goce de que llegase pronto el momento en que nos veríamos, nos abrazariamos, y recordaríamos lo lindo y lo chistoso que fue ese día en que tuvimos la descabellada idea de continuar tomados de la mano…
No sé porque nunca lo comenté aquí… quizás daba mucha importancia a esos sentimientos pesimistas al momento de escribir… o bien simplemente esos días me ilusionaba tanto con lo que haríamos para conmemorar el “día De” (no lo pongo con “D”, para que no sea como el de la segunda guerra mundial) que no había espacio en mi para detenerme frente a un computador solo a escribir lo que sentía, pues prefería experimentarlo…
Y hoy… hoy por primera vez, en la corta vida de este blog, escribo un día 20, un día que hace siete meses me dijeron que jamás volvería a estar sola, un día en el que hace 3 meses fuimos a comer churros al centro porque no había plata para mas ¡pero que importaba!, pues por fin estábamos juntos, un día en el que hace un mes hicimos el esfuerzo de guardar un par de ticket para ir a comer decentemente conmemorando el tiempo que llevábamos y que pensamos sería mucho más, pues nada ni “nadie” podría jamás separarnos… y hace ya casi tres semanas, pude ver como una persona se cambió de corazón como quien cambia de calcetas, o bien, me dieron a conocer la estafa o lo que significa ser el pañuelito para alguien que solo quiso intentar olvidar (esto último lo digo netamente desde mi parte racional)
Ahora solo quiero que llegue mañana, ver el último discurso de la presidenta contaminándome los pulmones lejos de Chillán, pensando en que el 20 solo fue un día más en el calendario (bastante pesado por lo demás)…
… y si, duele, todavía… y aun aburro a alguna amiga con mis dudas que generalmente terminan en mas de alguna lágrima (“¡PATETICO!” Dice mi parte racional, “¡HORRIIIBLE!”, como diría un amigo), esa impotencia de no poder entender a ese demente, que otra vez me muestra esa muralla ante sí, y que solo deja ver esa mirada que creí ya extinta....
Hay miles de fechas que me lo van a recordar… sobre todo por estos días, promesas, pactos, simples recuerdos que sentí verdaderos cuando fueron el presente…
…pero hoy simplemente añoro, extraño, y no al amigo solamente, extraño a mi compañero, extraño a mi amante, lo extraño tanto al mismo tiempo que mi parte racional me dice que fui total y absolutamente estafada… mi parte sentimental me dice que fueron 6 de los meses más bellos que he tenido en mi vida… y el tiempo me sigue repitiendo, déjame pasar.

martes, 19 de mayo de 2009

Buena Madera... gracias Mario Benedetti



Lunes 12 de agosto

Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo : "Te quiero". Entonces me di cuenta que era la primera vez que me lo decía, más aún; que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya n precisa decirlo más, porque no es un juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. "Hasta ahora no te lo había dicho ", murmuró, "no porque no te quisiera, si no porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé" . Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llenaba mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. "Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera." Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.

"La Tregua", Mario Benedetti


Hace ya dos días, al enterarme del deceso de este gran poeta, lo primero que se me vino a la mente fue este tan conocido libro, que por lo demás, es mi favorito. Por esas cosas del destino, minutos más tarde lo encontré entre unas carpetas que estaban en mi casa, luego de estar perdido por casi dos años. Lo primero que atiné a hacer fue abrirlo, y cayó en esta página, la 145… mis ojos se fueron sin querer, deslizándose línea tras línea, como si fuese la primera vez que leía este trozo… luego lo cerré.
Ayer, al volver a casa luego de una triste tarde, me topé otra vez con el libro, lo abrí, y volví a caer en la misma página… y mis ojos otra vez se deslizaron,, pero esta vez mas atentos que la vez anterior, ya no solo lo leí, sino que sentí cada una de las palabras que ahí estaban escritas… y algo me pasó, esa sensación que hizo de este libro mi favorito…
Me lleno de nostalgia al leerlo una vez mas, me lleno de pena al saber que su autor ya no estará más, y me lleno de paz al saber que nos ha dejado gracias a su talento, su esencia…
Esta parte del libro no pudo llegar en mejor ocasión… en realidad, siempre lo ha hecho, desde aquel minuto en que por obligación debí leerlo, y por sumo placer repetí la experiencia dos, tres o cuatro veces… pero hoy adquirido un significado, cada frase, cada palabra… esa opresión en el pecho que sintió Martín Santomé y las palabras dichas por Avellaneda “Te quiero porque estás hecho de buena madera”… es como si en ambos estuviese algo de lo que hoy en día siento… igual que en aquel entonces, igual que esa tarde en que me sumergí en sus páginas por primera vez…
Hoy me sumo al dolor por la pérdida de un grande en la literatura hispana… y me sumo también al dolor por la pérdida de otro grande, en otro lugar, donde se que hará falta y se le extrañará, pero somos humanos, cada uno debe seguir su camino… pero eso es asunto de otra nota.

Mario Benedetti… gracias por escribir.

jueves, 14 de mayo de 2009

Quien escupe al cielo en la cara le cae


Siempre me he preguntado hasta adonde puede llegar el poder mental que tenemos los seres humanos.
Sin ir más lejos, cuando uno desea con todo su corazón ver algo, y lo piensa constantemente, sin más preámbulos, se cumple.
Hay quienes le llaman poderes psíquicos, otros la fe (la que no creo que cuente para desearle mal a alguien y luego se cumpla), y en este último tiempo, se ha divulgado que todo esto se refiere al “secreto”.
En fin, sea como sea, hace ya días mi parte malvada quería ver a mi ex retorciéndose por algún dolor físico, ojalá molesto, a pesar de que para variar decidimos seguir como amigos.
Ayer a la hora de once, por primera vez preparo un simple huevo deseando que por favor le caiga mal, y bueno, hace unos minutos me lo encuentro, pálido y con cara de espectro, y me dice que algo que comió – lo más probable a la hora de once – le cayó mal… y lo único que cayó a su estómago fue mi inocente huevito preparado con toda mi “buena” intención…
Para los que leen esto y piensan que intencionalmente le eché una especie de laxante al plato, se equivocan, pues yo igual comí de él, (aunque reconozco que ganas no me faltaron de agregarle una pisca de maldad al asunto)…
Quizás el aceite o los huevos estaban en mal estado, claro, si lo vemos desde un punto de vista lógico, el que a su vez, me exonera de toda culpa en el asunto… pero si en cambio fueron efectivamente mis malas vibras la que causaron que el “pobrecito niño” amaneciera color papel, me salió el tiro por la culata… pues algunas revotaron y fueron a dar a mí... y mi pobre estómago, en este minuto, también está sufriendo.

Cosas de antes

Cosillas que leo

 

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